Hemangiomas infantiles

Los hemangiomas infantiles son tumores que contienen pequeñas cantidades de capilares sanguíneos anormales, de los cuales se ha determinado que se parecen al tejido placentario. Son marcas de nacimiento vasculares que suelen aparecer dentro de la primeras semanas posteriores al nacimiento, algunas incluso lucen como una pequeña marca roja o moretón al nacer. Luego crecen en forma intermitente, y en ocasiones con bastante rapidez, durante los primeros 10 -12 meses de vida. Después del primer año, no suele haber más crecimiento y el hemangioma empieza su fase involutiva. En esta fase, el hemangioma puede encogerse y suavizar su color, o quizás parezca que no sucede nada. Según el tamaño que alcanzó el hemangioma, esta reducción con frecuencia no es suficiente para que la lesión "desaparezca". De hecho, un gran porcentaje de los hemangiomas requerirá alguna forma de intervención para corregir la deformidad que ha sido causada por el crecimiento del hemangioma o para corregir las cicatrices causadas por la ulceración. Por esta razón, existen varias opciones de tratamiento que están a nuestra disposición para ayudar a controlar el crecimiento tanto como sea posible.

Hemangiomas congénitos

El segundo tipo de hemangioma es el hemangioma congénito. Estos hemangiomas están completamente formados al nacer. No suelen crecer más, pero pueden o no involucionar (encogerse). Existen dos tipos de hemangioma congénito, el hemangioma congénito con involución rápida (RICH por sus siglas en inglés) y el hemangioma congénito sin involución (NICH por sus siglas en inglés). Como cada uno de sus nombres lo indican, uno tiende a desaparecer rápidamente y el otro en realidad no cambia.

Los hemangiomas infantiles pueden ser clasificados según las áreas que afectan. Los hemangiomas superficiales solo afectan la piel. Los hemangiomas profundos afectan las capas de tejido por debajo de la piel y pueden variar en su color, desde un púrpura oscuro/azul hasta tonos piel si son muy profundos. Los hemangiomas compuestos afectan tanto a la piel como a los tejidos más profundos.